La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Hice acopio de valor durante varios segundos. Luego grité:
—¡Saluda! ¡ArrodÃllate!
Un gruñido dejó entrever sus colmillos.
—¿Quién eres tú para decirme…?
Quizá un poco precipitadamente, saqué el revólver, apunté y disparé. Le oà gritar, vi que corrÃa y torcÃa en diagonal; supe que habÃa fallado, y tiré del percutor con el pulgar dispuesto a disparar de nuevo. Pero huÃa a toda velocidad, saltando de un lado a otro, y no me atrevà a errar de nuevo el tiro. De vez en cuando volvÃa la cabeza para mirarme por encima del hombro. Corrió por la pendiente de la playa y desapareció entre la densa masa de humo que aún salÃa del recinto en llamas. Me quedé un rato mirándolo. Luego me volvà hacia mis tres obedientes Monstruos y les hice una seña para que soltasen el cadáver que transportaban. Regresé junto al fuego, al lugar donde habÃan caÃdo los cuerpos, y removà la arena con el pie hasta que desaparecieron todas las manchas de sangre.
Despedà a mis tres esbirros con un movimiento de la mano y caminé playa arriba hasta adentrarme en la espesura. Llevaba la pistola en la mano y el látigo y las hachas colgadas del cabestrillo. Deseaba estar a solas para reflexionar sobre la situación en la que me encontraba.