La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Algo terrible, de lo que apenas empezaba a darme cuenta, era que no había un solo lugar seguro en toda la isla donde descansar y dormir. Había recuperado las fuerzas asombrosamente desde mi llegada a la isla, pero aún era proclive al nerviosismo y me venía abajo ante la adversidad. Pensé que lo mejor sería cruzar de nuevo la isla e instalarme entre los Monstruos, confiándoles mi propia seguridad personal. Pero me faltó el ánimo. Regresé a la playa, y, girando hacia el este por delante del recinto en llamas, me dirigí hacia un banco de arena y coral que avanzaba hasta el arrecife. Allí podría sentarme a reflexionar, de espaldas al mar y haciendo frente a cualquier posible sorpresa. Y allí estuve sentado un buen rato, la cara entre las rodillas y el sol abrasándome la cabeza. Un creciente temor se apoderaba de mí, pese a lo cual planeé el modo de sobrevivir hasta la hora de mi rescate, si es que esa hora llegaba. Intenté analizar la situación con la mayor ecuanimidad, pero no lograba desprenderme de mis sentimientos.