La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Pasé por delante de ellos y me adentré en la sombra y los hedores del barranco casi desierto. En una cabaña vacía me di un festín de fruta y, tras tapar la puerta con unas ramas medio podridas, me coloqué frente a ella con la mano sobre el revólver. La fatiga de las últimas treinta horas empezaba a dejarse sentir, y caí en un ligero sopor, con la esperanza de que mi frágil barricada hiciera el ruido suficiente para evitarme cualquier sorpresa desagradable si alguien la derribaba.