La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Tenía el corazón en la boca, pero sentí que mi única oportunidad era marcarme un farol y caminé hacia él con decisión. Pero dio media vuelta y se perdió en el crepúsculo. Una vez más, me pareció entrever el brillo de sus ojos, y eso fue todo.
Por primera vez comprendí hasta qué punto podía afectarme lo avanzado del día. El sol acababa de ponerse, y el breve crepúsculo tropical se desvanecía ya al este del cielo, mientras la primera polilla revoloteaba en silencio alrededor de mi cabeza. Debía apresurarme a volver al recinto, a menos que estuviese dispuesto a pasar la noche entre los desconocidos peligros de la misteriosa selva.
La idea de regresar a ese refugio de dolor me resultaba enormemente desagradable, pero peor era la idea de ser sorprendido en mitad de la selva por la oscuridad y cuanto ésta pudiese ocultar. Dirigí una última mirada hacia las sombras azules que se habían tragado a la extraña criatura, y volví sobre mis pasos pendiente abajo en dirección al arroyo, por donde creía haber venido.