La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau No me atreví a acercarme al bulto negro. Lo dejé allí, en el agua, bajo las apacibles estrellas, y dando un amplio rodeo para no pasar junto a él, continué mi camino hacia el resplandor amarillo de la casa. Entonces, con gran alivio, volví a oír el lastimoso quejido del puma, el sonido que me había impulsado a explorar esa isla misteriosa. Aunque me sentía muy débil y terriblemente cansado, reuní todas mis fuerzas y eché a correr hacia la luz. Me pareció que una voz me llamaba.