La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Y entonces, en un tono soberanamente aburrido, que poco a poco se fue animando, comenzó a explicarme su trabajo. Fue claro y convincente. De vez en cuando ponÃa en su voz una nota sarcástica. Lo cierto es que sentà vergüenza de nuestra mutua situación.
Las criaturas que habÃa visto no eran hombres; nunca lo habÃan sido. Eran animales, animales humanizados, fruto de la vivisección.
–Usted olvida lo que un buen vivisector puede hacer con los seres vivos –dijo Moreau–. Por mi parte, no acabo de entender por qué nadie ha intentado lo que yo he hecho aquÃ. Claro que se han hecho algunos intentos: amputación, incisión de lengua, extirpaciones. Sin duda sabrá que el estrabismo puede mejorar o curarse con cirugÃa.
También sabrá que, en el caso de las extirpaciones, se producen toda clase de cambios secundarios, alteraciones de las pasiones, alteraciones en la secreción de tejido adiposo...
Seguro que ha oÃdo hablar de estas cosas.
–Claro que sà –dije–. Pero esas horribles criaturas suyas...
–Cada cosa a su tiempo –interrumpió, haciendo un movimiento con la mano–.