La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau –¡Basta! –dijo Moreau con voz potente y firme, y los Monstruos se sentaron sobre sus traseros, poniendo fin al ritual.
–¿Dónde está el Recitador de la Ley? –preguntó Moreau, y el monstruo de pelo gris se inclinó hasta tocar el suelo con la cabeza.
–Pronuncia la Ley –ordenó Moreau, y, al instante, toda la asamblea de Monstruos arrodillados, balanceándose a uno y otro lado y esparciendo el azufre a puñados (un montón con la mano derecha y otro con la izquierda), comenzó a entonar su extraña letanía.
Cuando llegaron a la frase: «No comerás carne ni pescado; ésa es la Ley», Moreau levantó una mano blanca y delgada.
–¡Alto! –gritó, y todos quedaron en absoluto silencio.
Creo que todos sabían y temían lo que iba a ocurrir. Contemplé los extraños semblantes que me rodeaban y, al advertir sus muecas de dolor y el temor en sus ojos brillantes, me pregunté cómo había podido llegar a pensar que fuesen Hombres.
–Habéis quebrantado la Ley –sentenció Moreau.
–No hay escapatoria –respondió el hombre peludo y sin rostro.
–No hay escapatoria –repitió el círculo de Monstruos. –¿Quién ha sido? –gritó Moreau, mirándolos a la cara y haciendo restallar el látigo.