La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau –Por aquà ha pasado a cuatro patas –jadeó Moreau, adelantándome justo en ese instante.
–No hay escapatoria –dijo el Lobo Oso, riéndose en mi propia cara y exaltado por la cacerÃa.
Continuamos corriendo, ahora entre las rocas, y divisamos a nuestra presa que avanzaba a cuatro patas, lanzando gruñidos por encima del hombro. Los Lobos lanzaban aullidos de entusiasmo. La criatura aún iba vestida y, en la distancia, su rostro seguÃa pareciendo humano, aunque sus movimientos eran felinos y el encorvamiento de sus hombros era claramente el de un animal acechado. Saltó sobre unos matorrales espinosos de flores amarillas y lo perdimos de vista. M'ling se encontraba ya a mitad de camino de aquel punto.
La mayorÃa habÃamos perdido para entonces el Ãmpetu inicial y avanzábamos a un ritmo más sosegado. Al cruzar un claro vi que la columna de perseguidores se habÃa convertido en una hilera. El Cerdo Hiena seguÃa corriendo muy cerca de mÃ, sin dejar de observarme y frunciendo de tanto en tanto el hocico con risa gruñona.
Al llegar al lÃmite de las rocas y darse cuenta de que iba directamente hacia el promontorio por el que me habÃa acechado durante la noche de mi llegada, el Hombre Leopardo dio media vuelta y se perdió entre la maleza. Pero Montgomery habÃa visto la maniobra y se lanzó en la misma dirección.