La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Tras un dÃa en el que no hice otra cosa que dormir y alimentarme, me sentà con fuerzas para salir de la litera e ir hasta el portillo a contemplar el verde mar que se esforzaba por seguir nuestro ritmo. Me pareció que la goleta corrÃa más que el viento.
Montgomery, asà se llamaba el joven rubio, volvió a entrar, y le pedà algo de ropa. Me prestó algunas cosas suyas, pues las que yo llevaba, dijo, las habÃan tirado por la borda.
Me quedaban bastante grandes, pues él era alto y de piernas largas.
Como por casualidad comentó que el capitán estaba más que medio borracho en su camarote. Mientras aceptaba las ropas empecé a hacerle algunas preguntas sobre el destino del barco. Dijo que se dirigÃa a Hawai, pero que antes tenÃan que dejarle en tierra a él.
–¿Dónde? –pregunté.
–En una isla... Donde vivo. Que yo sepa, no tiene nombre.
Me miró con el labio inferior caÃdo, y de pronto pareció tan deliberadamente bobo que comprendà que intentaba eludir mis preguntas. Tuve la discreción de no hacer ninguna más.