La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Se mostraba abiertamente complacido por la franqueza de mi relato, que transmità en frases concisas, pues me sentÃa terriblemente débil, y cuando hube terminado retomó el tema de las ciencias naturales y sus estudios de biologÃa. Luego empezó a preguntarme por Tottenham Court Road y Gower Street.
–¿TodavÃa existe Caplatzi? ¡Qué magnÃfico establecimiento!
HabÃa sido, era evidente, un estudiante de medicina de lo más normal, y no pudo evitar hablar de los cabarets. Me contó algunas anécdotas.
–¡Lo dejé todo hace diez años! ¡Qué tiempos tan alegres! –exclamó–. Pero cometà una enorme tonterÃa. Me marché antes de cumplir los veintiuno. Ahora todo es diferente...
En fin, voy a ver qué está haciendo el inútil del cocinero con su cordero.
Los gruñidos de arriba se reanudaron tan de repente y con tal furia que me sobresaltaron.
–¿Qué es eso? –pregunté. Pero la puerta ya se habÃa cerrado.
Regresó al cabo de un rato con el cordero guisado, y su apetitoso aroma me hizo olvidar de inmediato los rugidos de la fiera.