La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau –¡Que no puedo quedarme! –exclamé horrorizado. TenÃa la expresión más rotunda y decidida que habÃa visto en la vida.
–Mire –comencé, volviéndome hacia el capitán.
–¡Fuera! –dijo éste–. Este barco no es para bestias y canÃbales; peor que bestias.
Usted se larga de aquÃ, señor Cállese. Si no puede quedarse con ellos, vaya a la deriva.
¡Como quiera, pero váyase! Con sus amigos. He terminado con esta maldita isla para siempre. ¡Ya está bien!
–¡Pero Montgomery! –supliqué..
Montgomery frunció el labio inferior y negó con la cabeza mirando sin esperanza al hombre del pelo gris, como diciendo que no podÃa hacer nada por ayudarme.
–Luego me ocuparé de usted –dijo el capitán.
Entonces comenzó un curioso altercado a tres bandas. Yo suplicaba a los tres hombres alternativamente; primero al hombre del pelo gris para que me dejase permanecer en la isla, y luego al capitán borracho para que me permitiese seguir a bordo. Incluso les rogué a los marineros. Montgomery no dijo una palabra; se limitó a negar con la cabeza.
–¡Usted se marcha! Ya se lo he dicho –insistÃa el capitán–. ¡Al diablo con la ley!
Aquà mando yo.