La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Me sobresaltó un ruido a mis espaldas y, volviéndome bruscamente, vi la cola blanca de un conejo que corría cuesta arriba. Me puse en pie de un salto.
La aparición de aquella criatura grotesca y medio animal había poblado de repente la calma de la tarde. Miré alrededor bastante nervioso y lamenté no llevar un arma.
Entonces caí en la cuenta de que el hombre al que acababa de ver iba vestido de azul –no iba desnudo como un salvaje– e intenté convencerme a mí mismo de que seguramente sería un ser pacífico, aunque la ferocidad de su rostro no dejase traslucirlo.
No obstante, la aparición me había trastornado. Caminé hacia la izquierda por la pendiente, volviendo la cabeza a uno y otro lado y escrutando entre las ramas de los árboles. ¿Por qué razón un hombre se movía a cuatro patas y bebía directamente con la boca?
Volví a oír el lamento de un animal y, suponiendo que se trataba del puma, di media vuelta y caminé en dirección diametralmente opuesta al lugar de donde procedía el sonido. Esto me condujo hasta el arroyo, lo crucé y continué ascendiendo entre la maleza.