La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Me sobresaltó una gran mancha de color carmesà en el suelo y, al acercarme, descubrà que se trataba de un curioso hongo, ramificado y estriado como un liquen foliáceo, que al tocarlo se convertÃa en limo. Un poco más allá, a la sombra de unos exuberantes helechos, me aguardaba un desagradable hallazgo: un conejo muerto y aún caliente, con la cabeza arrancada y cubierto de moscas. Me detuve horrorizado ante la visión de la sangre derramada. ¡Al menos aquà ya habÃan liquidado a uno de los visitantes de la isla!
No presentaba otros signos de violencia. ParecÃa como si lo hubiesen atrapado y matado de repente. Observé el cuerpo pequeño y peludo, preguntándome cómo lo habrÃan hecho. El vago temor que se habÃa instalado en mi mente desde que viera el rostro inhumano del hombre en el arroyo se tornó más intenso. Empecé a comprender lo arriesgado de mi expedición entre aquellos seres desconocidos. Mi imaginación comenzaba a transformar la espesura a mi alrededor. Cada sombra se convertÃa en algo más que una sombra, en una emboscada y, cada rumor, en una amenaza. Sentà que una presencia invisible me acechaba.
Decidà regresar al recinto de la playa. Me volvà bruscamente y me lancé con violencia, con desesperación incluso, entre los matorrales, deseoso de encontrarme de nuevo en un lugar despejado.