La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Al darme la vuelta, la Cosa, que iba corriendo a cuatro patas, se puso en pie, y el proyectil le alcanzó de lleno en la sien izquierda. Se oyó un fuerte chasquido craneal. El hombre–animal se me echó encima, me empujó con ambas manos y se alejó tambaleándose hasta caer de bruces en el agua, donde quedó tendido, sin moverse.
No me atreví a acercarme al bulto negro. Lo dejé allí, en el agua, bajo las apacibles estrellas, y dando un amplio rodeo para no pasar junto a él, continué mi camino hacia el resplandor amarillo de la casa. Entonces, con gran alivio, volví a oír el lastimoso quejido del puma, el sonido que me había impulsado a explorar esa isla misteriosa. Aunque me sentía muy débil y terriblemente cansado, reuní todas mis fuerzas y eché a correr hacia la luz. Me pareció que una voz me llamaba.