La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau Cerró la puerta y volvió junto a mÃ. No me hizo preguntas, pero me sirvió más coñac y agua y me obligó a comer. Yo estaba totalmente derrumbado. Dijo algo como que habÃa olvidado prevenirme y me preguntó escuetamente a qué hora habÃa salido de la casa y qué habÃa visto. Le respondà igual de escuetamente, con frases entrecortadas.
–¡DÃgame qué significa todo esto! –dije en un estado que casi rayaba en la histeria.
–No es tan terrible –respondió–. Pero creo que ya ha tenido suficiente por hoy.
En ese momento, el puma lanzó un fuerte alarido de dolor, y Montgomery masculló entre dientes:
–¡Que me ahorquen si esto no es peor que Gower Street... con todos sus gatos!
–Montgomery, ¿qué era lo que me persiguió? ¿Una bestia o un hombre?
–Si no duerme esta noche, mañana tendrá la cabeza fatal –respondió.
Me puse de pie frente a él.
–¿Qué era esa cosa que me ha estado siguiendo? –pregunté.
Me miró fijamente y torció la boca. Sus ojos, que un momento antes parecÃan animados, se apagaron de pronto.
–Por lo que cuenta –dijo–, creo que era un fantasma.