La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Aquella escalada me pareció interminable. En los últimos veinte o treinta pies sentà una náusea mortal. Me costó un gran trabajo mantenerme asido. En las últimas yardas sostuve una lucha espantosa contra aquel desfallecimiento. Me dieron varios vahÃdos y experimenté todas las sensaciones de la caÃda. Al final, sin embargo, pude, no sé cómo, llegar al brocal y escapar tambaleándome fuera de las ruinas bajo la cegadora luz del Sol. Caà de bruces. Hasta el suelo olÃa dulce y puramente. Luego recuerdo a Weena besando mis manos y mis orejas, y las voces de otros Eloi. Después estuve sin sentido durante un rato.