La máquina del tiempo
La máquina del tiempo En un momento me sentà agarrado por varias manos, y no pude equivocarme sobre su propósito, que era arrastrarme hacia atrás. Encendà otra cerilla y la agité ante sus deslumbrantes caras. DifÃcilmente podrán ustedes imaginar lo nauseabundos e inhumanos que parecÃan —¡rostros lÃvidos y sin mentón, ojos grandes, sin párpados, de un gris rosado!— mientras que se paraban en su ceguera y aturdimiento. Pero no me detuve a mirarlos, se lo aseguro a ustedes: volvà a retirarme, y cuando terminó mi segunda cerilla, encendà la tercera. Estaba casi consumida cuando alcancé la abertura que habÃa en el pozo. Me tendà sobre el borde, pues la palpitación de la gran bomba del fondo me aturdÃa. Luego palpé los lados para buscar los asideros salientes, y al hacerlo, me agarraron de los pies Y fui tirado violentamente hacia atrás. Encendà mi última cerilla... y se apagó en el acto. Pero habÃa yo empuñado ahora uno de los barrotes, y dando fuertes puntapiés, me desprendà de las manos de los Morlocks, y ascendà rápidamente por el pozo, mientras ellos se quedaban abajo atisbando y guiñando los ojos hacia mÃ: todos menos un pequeño miserable que me siguió un momento, y casi se apoderó de una de mis botas como si hubiera sido un trofeo.