La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Después de las fatigas, las excitaciones y los terrores de los pasados dÃas, y pese a mi dolor, aquel asiento, la tranquila vista y el calor del Sol eran muy agradables. Estaba muy cansado y soñoliento y pronto mis especulaciones se convirtieron en sopor. Comprendiéndolo asÃ, acepté mi propia sugerencia y tendiéndome sobre el césped gocé de un sueño vivificador. Me desperté un poco antes de ponerse el Sol. Me sentÃa ahora a salvo de ser sorprendido por los Morlocks y, desperezándome, bajé por la colina hacia la Esfinge Blanca. Llevaba mi palanca en una mano, y la otra jugaba con las cerillas en mi bolsillo.
Y ahora viene lo más inesperado. Al acercarme al pedestal de la esfinge, encontré las hojas de bronce abiertas. HabÃan resbalado hacia abajo sobre unas ranuras.
Ante esto me detuve en seco vacilando en entrar.
Dentro habÃa un pequeño aposento, y en un rincón elevado estaba la Máquina del Tiempo. TenÃa las pequeñas palancas en mi bolsillo. Asà pues, después de todos mis estudiados preparativos para el asedio de la Esfinge Blanca, me encontraba con una humilde rendición. Tiré mi barra de hierro, sintiendo casi no haberla usado.
