La máquina del tiempo
La máquina del tiempo La máquina se habÃa parado sobre una playa en pendiente. El mar se extendÃa hacia el sudeste, levantándose claro y brillante sobre el cielo pálido. No habÃa allà ni rompientes ni olas, pues no soplaba ni una ráfaga de viento. Sólo una ligera y oleosa ondulación mostraba que el mar eterno aún se agitaba y vivÃa. Y a lo largo de la orilla, donde el agua rompÃa a veces, habÃa una gruesa capa de sal rosada bajo el cielo espeluznante. SentÃa una opresión en mi cabeza, y observé que tenÃa la respiración muy agitada. Aquella sensación me recordó mi único ensayo de montañismo, y por ello juzgué que el aire debÃa estar más enrarecido que ahora.