La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Muy lejos, en lo alto de la desolada pendiente, oà un áspero grito y vi una cosa parecida a una inmensa mariposa blanca inclinarse revoloteando por el cielo y, dando vueltas, desaparecer sobre unas lomas bajas. Su chillido era tan lúgubre, que me estremecÃ, asentándome con más firmeza en la máquina. Mirando nuevamente a mi alrededor vi que, muy cerca, lo que habÃa tomado por una rojiza masa de rocas se movÃa lentamente hacia mÃ. Percibà entonces que la cosa era en realidad un ser monstruoso parecido a un cangrejo. ¿Pueden ustedes imaginar un cangrejo tan grande como aquella masa, moviendo lentamente sus numerosas patas, bamboleándose, cimbreando sus enormes pinzas, sus largas antenas, como látigos de carretero, ondulantes tentáculos, con sus ojos acechándoles centelleantes a cada lado de su frente metálica? Su lomo era rugoso y adornado de protuberancias desiguales, y unas verdosas incrustaciones lo recubrÃan aquà y allá. VeÃa yo, mientras se movÃa, los numerosos palpos de su complicada boca agitarse y tantear.