La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Mientras miraba con asombro aquella siniestra aparición que se arrastraba hacia mÃ, sentà sobre mi mejilla un cosquilleo como si una mosca se posase en ella. Intenté apartarla con la mano, pero al momento volvió, y casi inmediatamente sentà otra sobre mi oreja. La apresé y cogà algo parecido a un hilo. Se me escapó rápidamente de la mano. Con una náusea atroz me volvà y pude ver que habÃa atrapado la antena de otro monstruoso cangrejo que estaba detrás de mÃ. Sus ojos malignos ondulaban sus pedúnculos, su boca estaba animada de voracidad, y sus recias pinzas torpes, untadas de un limo algáceo, iban a caer sobre mÃ. En un instante mi mano asió la palanca y puse un mes de intervalo entre aquellos monstruos y yo. Pero me encontré aún en la misma playa y los vi claramente en cuanto paré. Docenas de ellos parecÃan arrastrarse aquà y allá, en la sombrÃa luz, entre las capas superpuestas de un verde intenso.