La máquina del tiempo
La máquina del tiempo A los ocho años sufre una caída y se fractura la canilla de una pierna, debiendo guardar cama durante algunas semanas. El médico del pueblo colocó mal el hueso y hubo que romperlo de nuevo y reparar el error. Durante largo tiempo ha de permanecer instalado en la sala de su casa, y encerrado entre sus cuatro paredes descubre un enorme horizonte: la lectura. A lo largo de la convalecencia devora los libros que su padre le proporciona y se desarrollan en él el hábito y el placer de la lectura. Dickens y Washington Irving son sus primeros novelistas favoritos. Con razón hablará de aquella caída como de uno de los momentos más afortunados de su vida.
Primeros empleos
Finalizados los estudios de cultura general y contabilidad, entra de ayudante de caja en un almacén de tejidos, pero sus tendencias a estar en la Luna y soñar despierto, añadidas a su mínima falta de interés, no le convierten precisamente en el empleado óptimo para el desempeño de dicho oficio. Lo despiden y pasa entonces y durante una breve temporada a ayudar a un pariente que dirige una escuela, tarea que le satisface y le permite dedicar tiempo a su vicio favorito: los libros.