La máquina del tiempo
La máquina del tiempo La escuela
Los primeros estudios los realizó en una escuela privada, regida por un antiguo conserje llegado a maestro, Thomas Morley, dotado de escasas habilidades pedagógicas y aún menores conocimientos. De aspecto feroz y de carácter colérico, seguía al pie de la letra la antigua máxima de que «la letra con sangre entra». Su frase favorita era «la primera ley del cielo, señores, es el orden». De aquellas circunstancias, que Wells relata en su novela Kipps, guardará siempre un amargo recuerdo. En alguna de sus cartas escribe literalmente: «No recuerdo que me enseñaran nada en la escuela. Nos señalaban lecciones y sumas y luego nos las oían. Pero nuestra pérdida era principalmente negativa, crecíamos embotados.»
Una caída afortunada