La máquina del tiempo
La máquina del tiempo —Serias objeciones —observó el Corregidor con aire de imparcialidad, volviéndose hacia el Viajero a través del Tiempo.
—Nada de eso —dijo éste, y luego, dirigiéndose al Psicólogo—: piénselo. Usted puede explicar esto. Ya sabe usted que hay una representación bajo el umbral, una representación diluida.
—En efecto —dijo el Psicólogo, y nos tranquilizó—. es un simple punto de psicologÃa. DeberÃa haber pensado en ello. Es bastante claro y sostiene la paradoja deliciosamente. No podemos ver, ni podemos apreciar esta máquina, como tampoco podemos ver el rayo de una rueda en plena rotación, o una bala volando por el aire. Si viaja a través del tiempo cincuenta o cien veces más de prisa que nosotros, si recorre un minuto mientras nosotros un segundo, la impresión producida será, naturalmente, tan sólo una cincuentésima o una centésima de lo que serÃa si no viajase a través del tiempo. Está bastante claro.
Paso su mano por el sitio donde habÃa estado la máquina
—¿Comprenden ustedes? —dijo riendo.
Seguimos sentados mirando fijamente la mesa vacÃa casi un minuto. Luego el Viajero a través del Tiempo nos preguntó qué pensábamos de todo aquello.