La máquina del tiempo
La máquina del tiempo —¿Qué era aquello del viaje por el tiempo? ¿No puede un hombre cubrirse él mismo de polvo revolcándose en una paradoja? —y luego, como la idea tocaba su cuerda sensible, recurrió a la caricatura—: ¿No habÃa ningún cepillo de ropa en el Futuro?
El Periodista tampoco querÃa creer a ningún precio, y se unió al Director en la fácil tarea de colmar de ridÃculo la cuestión entera. Ambos eran de esa nueva clase de periodistas jóvenes muy alegres e irrespetuosos.
—Nuestro corresponsal especial para los artÃculos de pasado mañana... —estaba diciendo el Periodista (o más bien gritando) cuando el Viajero a través del Tiempo volvió; se habÃa vestido de etiqueta y nada, salvo su mirada ansiosa, quedaba del cambio que me habÃa sobrecogido.
—DÃgame —preguntó riendo el Director—, estos muchachos cuentan que ha estado usted viajando ¡por la mitad de la semana próxima! DÃganos todo lo referente al pequeño Rosebery [7] , ¿quiere? ¿Cuánto pide usted por la serie de artÃculos?
El Viajero a través del Tiempo fue a sentarse al sitio reservado para él sin pronunciar una palabra. Sonrió tranquilamente a su antigua manera.
—¿Dónde está mi carnero? —dijo—. ¡Qué placer este de clavar de nuevo un tenedor en la carne!
—Eso es un cuento! —exclamó el Director.