La máquina del tiempo
La máquina del tiempo —¡Maldito cuento! —dijo el Viajero a través del Tiempo—. Necesito comer algo. No quiero decir una palabra hasta que haya introducido un poco de peptona en mis arterias. Gracias. Y la sal.
—Una palabra —dije yo—. ¿Ha estado usted viajando a través del tiempo?
—Sà —dijo el Viajero a través del Tiempo, con la boca llena, asintiendo con la cabeza.
—Pago la lÃnea a un chelÃn por una reseña al pie de la letra —dijo el Director del diario.
El Viajero a través del Tiempo empujó su copa hacia el Hombre Silencioso y la golpeó con la uña, a lo cual el Hombre Silencioso, que lo estaba mirando fijamente a la cara, se estremeció convulsivamente, y le sirvió vino. El resto de la cena transcurrió embarazosamente. Por mi parte, repentinas preguntas seguÃan subiendo a mis labios, y me atrevo a decir que a los demás les sucedÃa lo mismo. El Periodista intentó disminuir la tensión contando anécdotas de Hettie Potter. El Viajero dedicaba su atención a la comida, mostrando el apetito de un vagabundo. El Doctor fumaba un cigarrillo y contemplaba al Viajero a través del Tiempo con los ojos entornados. El Hombre Silencioso parecÃa más desmañado que de costumbre, y bebÃa champaña con una regularidad y una decisión evidentemente nerviosas. Al fin el Viajero a través del Tiempo apartó su plato, y nos miró a todos.