La máquina del tiempo
La máquina del tiempo SerÃa difÃcil describir mis sensaciones. Como las columnas de granizo disminuÃan, vi la figura blanca más claramente. ParecÃa muy voluminosa, pues un abedul plateado tocaba sus hombros. Era de mármol blanco, algo parecida en su forma a una esfinge alada; pero las alas, en lugar de llevarlas verticalmente a los lados, estaban desplegadas de modo que parecÃan planear. El pedestal me pareció que era de bronce y estaba cubierto de un espeso verdÃn. Sucedió que la cara estaba de frente a mÃ; los ojos sin vista parecÃan mirarme; habÃa la débil sombra de una sonrisa sobre sus labios. Estaba muy deteriorada por el tiempo, y ello le comunicaba una desagradable impresión de enfermedad. Permanecà contemplándola un breve momento, medio minuto quizá, o media hora. ParecÃa avanzar y retroceder según cayese delante de ella el granizo más denso o más espaciado. Por último aparté mis ojos de ella por un momento, y vi que la cortina de granizo aparecÃa más transparente, y que el cielo se iluminaba con la promesa del Sol.