La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Y pisándole los talones a éste vino otro pensamiento. Miré la media docena de figuritas que me seguÃan. Entonces, en un relámpago, percibà que todas tenÃan la misma forma de vestido, la misma cara imberbe y suave, y la misma morbidez femenil de miembros. Podrá parecer extraño, quizá, que no hubiese yo notado aquello antes. Pero ¡era todo tan extraño! Ahora veo el hecho con plena claridad. En el vestido y en todas las diferencias de contextura y de porte que marcan hoy la distinción entre uno y otro sexo, aquella gente del futuro era idéntica. Y los hijos no parecÃan ser a mis ojos sino las miniaturas de sus padres. Pensé entonces que los niños de aquel tiempo eran sumamente precoces, al menos fÃsicamente, y pude después comprobar ampliamente mi opinión.