La máquina del tiempo
La máquina del tiempo Cuando cruzaba el enorme palacio, me pareció que aquellas gentecillas me esquivaban. PodÃan ser figuraciones mÃas, o algo relacionado con mis golpes en las puertas de bronce. Estaba, sin embargo, casi seguro de que me rehuÃan. Pese a lo cual tuve buen cuidado de mostrar que no me importaba, y de abstenerme de perseguirles, y en el transcurso de uno o dos dÃas las cosas volvieron a su antiguo estado. Hice todos los progresos que pude en su lengua, y, además, proseguà mis exploraciones aquà y allá. A menos que no haya tenido en cuenta algún punto sutil, su lengua parecÃa excesivamente simple, compuesta casi exclusivamente de substantivos concretos y verbos. En lo relativo a los substantivos abstractos, parecÃa haber pocos (si los habÃa). Empleaban escasamente el lenguaje figurado. Como sus frases eran por lo general simples y de dos palabras, no pude darles a entender ni comprender yo sino las cosas más sencillas. Decidà apartar la idea de mi Máquina del Tiempo y el misterio de las puertas de bronce de la esfinge hasta donde fuera posible, en un rincón de mi memoria, esperando que mi creciente conocimiento me llevase a ella por un camino natural. Sin embargo, cierto sentimiento, como podrán ustedes comprender, me retenÃa en un cÃrculo de unas cuantas millas alrededor del sitio de mi llegada.