Tono-Bungay
Tono-Bungay Mis sentimientos hacia mi tÃo eran extraordinariamente confusos. Me sentÃa intensamente apenado no solo por mi tÃa Susan, sino también por él, porque parecÃa innegable que durante toda su vida iban a tener que seguir viviendo asÃ, y al mismo tiempo me sentÃa furioso por la parlanchina vanidad y estupidez que se habÃa llevado consigo todas mis posibilidades de estudiar independientemente, y los habÃa aprisionado a ellos en esos grises apartamentos. Cuando volvà a Wimblehurst me permità escribirle una carta infantil, sarcástica, sincera y amarga. Nunca respondió. Luego, creyendo que aquella era la única forma de escape para mÃ, me dediqué más hosca y resueltamente que nunca a mis estudios. Al cabo de un tiempo volvà a escribirle en unos términos más moderados, y me respondió evasivamente. Y luego intenté apartarlo de mi mente y me concentré en mi trabajo.
SÃ, aquella primera incursión a Londres bajo la humedad y el frÃo deprimente de enero tuvo un inmenso efecto en mÃ. Fue una decepción que dejó huella. HabÃa pensado en Londres como en un lugar enorme, libre, acogedor, y lo veÃa ahora como algo desaliñado, duro e insensible.