Tono-Bungay
Tono-Bungay Después de todo, esos compañeros que ocuparon lugares más altos en los exámenes universitarios y fueron los chicos modelos del profesor, no tuvieron un futuro tan sorprendente. Algunos son ahora profesores, algunos expertos técnicos; ninguno de ellos puede demostrar haber hecho las cosas que yo, siguiendo mis propios intereses, conseguà hacer. Porque yo he construido embarcaciones que cruzan el agua como látigos, y nadie soñó nunca en tales embarcaciones hasta que yo las construÃ; y he sorprendido tres secretos que son mucho más que descubrimientos técnicos, en los más inesperados escondrijos de la naturaleza. He estado más cerca de volar de lo que haya estado ningún hombre. ¿Hubiera podido conseguir tanto si me hubiera resignado a obedecer a esos más bien mediocres profesores en la universidad que se proponÃan entrenar mi mente? Si hubiera sido entrenado para la investigación —esa ridÃcula contradicción de términos—, ¿hubiese hecho algo más que producir unos cuantos añadidos al almacén existente de pequeños informes con deslustradas conclusiones, de los cuales ya hay demasiados en el mundo? No veo ningún sentido en mostrarme fingidamente modesto en este asunto. Mirándolo desde los estándares del éxito mundial que represento, comparado con el destino de mis compañeros de estudio, no hay ningún fracaso. Obtuve mi titulación a los treinta y siete años, y aunque no sea muy rico, la pobreza está tan lejos de mà como la Inquisición española. Supongamos que hubiera apartado de mi cabeza mi errante curiosidad, que hubiese cerrado mi imaginación en una caja justo cuando empezaba a crecer ante las cosas, que hubiera trabajado basándome en este y ese otro excelente método y según esta y esa otra excelente indicación: ¿dónde estarÃa ahora?