Tono-Bungay

Tono-Bungay

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Raggett Street, entiendan, era una transitada calle sobre la que alguien había distribuido grandes cantidades de tronchos y hojas de coles. Empezaba en la parte superior de Farringdon Street, y el 192A era una tienda con el cristal del escaparate de color chocolate, sobre el que habían sido pegados algunos de los mismos carteles que me habían llamado la atención en las carteleras. El suelo estaba cubierto por el barro de la calle que había sido arrastrado dentro por las botas sucias, y tres enérgicos jóvenes de tipo truhanesco, con delantales atados al cuello y gorro, estaban llenando cajas de madera con botellas envueltas en papel, entre mucha paja y confusión. El mostrador estaba lleno de esas mismas botellas alineadas, de un diseño entonces nuevo pero hoy sorprendentemente familiar en el mundo, y el papel azul que las envolvía mostraba la resplandeciente figura de un gigantesco genio desnudo y las instrucciones impresas que afirmaban que bajo prácticamente cualquier circunstancia podía tomarse el Tono-Bungay. Más allá del mostrador y a un lado se abría una escalera bajando la cual creo recordar a una muchacha que traía un nuevo cargamento de botellas, y el resto del fondo era otra gran divisón, igualmente color chocolate, con las palabras «Laboratorio provisional» escritas con letras blancas, y una puerta en el centro que decía «Oficina». Allí fue donde llamé, sin ser oído en medio de todo el bullicio, y entré sin esperar respuesta para encontrar a mi tío, vestido como ya he descrito, sujetando con una mano un puñado de cartas, y rascándose la cabeza con la otra mientras dictaba a una de tres atareadas mecanógrafas. Tras él había una nueva separación y una puerta rotulada: «Absolutamente privado. Prohibida la entrada». Esa era de madera pintada del universal color chocolate, hasta unos dos metros y medio, y luego de cristal. A través del cristal tuve como un vislumbre de un amontonamiento de crisoles y retortas y… ¡por el amor de Dios, sí!… ¡la querida y vieja y silenciosa bomba neumática de Wimblehurst! Me produjo un pequeño estremecimiento… ¡esa bomba neumática! Y además estaba la máquina eléctrica, pero algo, algún problema serio, le había ocurrido a esta. Todo ello estaba situado en un estante, justo al nivel a propósito para que pudiera ser visto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker