Tono-Bungay
Tono-Bungay Confesaré que noté un cambio mágico en nuestras proporciones relativas mientras los dos colosales porteros con librea azul pálido y roja del Schäfers mantuvieron abiertas las puertas interiores para nosotros con un respetuoso saludo que en cierto modo parecÃa estar dedicado únicamente a mi tÃo. En vez de ser unos diez centÃmetros más alto, me sentà como máximo de la misma estatura que él, y mucho más inadecuado. Unos camareros más respetuosos aún tomaron su nueva chistera y el digno paraguas, y recogieron la comanda de nuestra comida. Se lo dio con una elegante seguridad.
Hizo una seña con la cabeza hacia varios de los camareros.
—Ya me conocen, George —dijo—. Me toman en consideración. ¡Un hermoso lugar! ¡Ideal para la gente como yo!
Los asuntos de la comida ocuparon su atención durante un rato, y luego yo me incliné por encima de mi plato.
—¿Y ahora? —dije.
—Es el secreto del vigor. ¿No has leÃdo esa etiqueta?
—SÃ, pero…
—Se está vendiendo como tortitas calientes.
—¿Y qué es? —presioné.