Tono-Bungay
Tono-Bungay —Se acerca la hora de comer, George —dijo—. Será mejor que vengas y comas conmigo.
—¿Cómo está tÃa Susan? —pregunté.
—Exuberante. Nunca la habÃa visto tan retozona. Esto la ha animado de una forma maravillosa… Todo esto.
—¿Todo esto qué?
—El Tono-Bungay.
—¿Qué es el Tono-Bungay? —pregunté.
Mi tÃo vaciló.
—Te lo contaré después de comer, George —dijo—. ¡Vamos!
Y tras cerrar con llave el sanctasanctórum a sus espaldas, abrió camino por una estrecha y sucia acera alineada con carretillas y barrida ocasionalmente por una avalancha de mozos cargando bultos hacia carruajes que aguardaban, hasta Farringdon Street. Llamó de una forma soberbia a un coche que pasaba, y el cochero se mostró infinitamente respetuoso.
—A Schäfers —dijo; y entramos lado a lado, yo cada vez más asombrado ante todo aquello, en el hotel Schäfers, el segundo en importancia, con sus enormes ventanales cubiertos con cortinas de encaje, junto a la esquina del Blackfriars Bridge.