Tono-Bungay
Tono-Bungay También hicimos cosas admirables con nuestros siguientes productos subsidiarios, el «Tono-Bungay Pastillas» y el «Tono-Bungay Chocolate». Estos fueron presentados al público por su extraordinario valor nutritivo y recuperador en casos de cansancio y agotamiento. Les dedicamos carteles y anuncios ilustrados que mostraban alpinistas colgando de paredes maravillosamente verticales, ciclistas campeones sobre la pista, mensajeros montados en largas cabalgatas, soldados tendidos bajo un ardiente sol. «Pueden SEGUIR ustedes durante otras veinticuatro horas —afirmábamos— con nuestro Tono-Bungay Chocolate». No decíamos cuándo se podía volver a hacer uso del producto. También mostramos a un abogado de aspecto terriblemente tribunalesco, con toga, peluca, patillas, dientes, un horrible retrato viviente de todos los abogados que hayan existido o existirán, hablándole a un tribunal, y debajo esta leyenda: «Un discurso de cuatro horas con Tono-Bungay Pastillas, y tan fresco como cuando empezó». Eso atrajo a regimientos de maestros de escuela, predicadores, políticos y gente así. Creo realmente que había un elemento «coz» en la estricnina en esas pastillas, especialmente en las hechas de acuerdo con nuestra primera fórmula. Porque alterábamos todas nuestras fórmulas, debilitándolas progresiva, enorme e inevitablemente a medida que las ventas iban creciendo.