Tono-Bungay
Tono-Bungay Supongo que cualquier juego creativo y en desarrollo me hubiera interesado en aquellos años. En cualquier caso, sé que puse tanto celo en este Tono-Bungay como el que pondrÃa cualquier joven teniente que de pronto se hallara al mando de un barco. Me resultaba extraordinariamente interesante imaginar todas las ventajas que podÃan derivarse del hecho de acortar el proceso, y sopesarlas contra el coste monetario de las alteraciones. Ideé una especie de máquina para pegar las etiquetas, y la patenté; hoy en dÃa sigue llegándome un delgado goteo de royalties por ella. También conseguà hacer nuestra mezcla tremendamente concentrada, y que las botellas, que llegaban deslizándose por una cinta inclinada, lo hicieran casi completamente llenas con agua destilada de una espita situada un poco más atrás, a la espera únicamente de recibir las dosis de nuestros ingredientes mágicos en el paso siguiente. Esto representó una enorme economÃa de espacio para el sanctasanctórum. Para el embotellado necesitábamos también un nuevo tipo de espitas, que no tardé en inventar y patentar.