Tono-Bungay
Tono-Bungay TenÃamos una especie de cinta sin fin de botellas deslizándose a lo largo de un cristal inclinado que convertÃamos en resbaladizo mediante una fina capa de agua corriente. En un extremo una chica tomaba las botellas y las revisaba contra la luz, retiraba las que eran imperfectas, y depositaba las otras en el conducto, donde se llenaban automáticamente; al otro lado una nueva chica colocaba el tapón y lo introducÃa con ayuda de un pequeño mazo. Cada uno de los depósitos, el pequeño para los ingredientes vivificadores y el grande para el agua destilada, poseÃan un indicador de nivel, y en su interior yo habÃa dispuesto un mecanismo flotante que paraba todo el proceso cuando alguno de los dos bajaba demasiado. Otra chica estaba preparada con mi máquina para etiquetar las botellas tapadas y tendérselas a tres empaquetadores, que las envolvÃan con su papel exterior, y las colocaban, con un poco de cartón ondulado entre cada par, en una pequeña acanaladura desde la que podÃan deslizarse fácilmente hasta situarse en posición en nuestras cajas de embalaje estándar. Suena como una locura, ya lo sé, pero creo que fui el primer hombre en la ciudad de Londres que empaquetó especÃficos por el lado de la caja de embalaje, para descubrir que era una forma mucho mejor de hacerlo que por la tapa. Nuestras cajas se empaquetaban por sà mismas, prácticamente; solo tenÃan que ser situadas en posición en una pequeña gaveta sobre ruedas y cuando estaban llenas se empujaban hasta el ascensor que las llevaba a los hombres de abajo, que acababan de rellenar los espacios libres y clavaban el sobre y el lado. Nuestras chicas, además, empaquetaban con cartón ondulado y separadores hechos con tablillas delgadas de madera, cuando todos los demás estaban utilizando cara mano de obra masculina joven para empaquetar desde la parte de arriba de la caja con paja, muchas roturas y gran cantidad de pérdidas y confusión.