Tono-Bungay
Tono-Bungay —Vamos abajo —interrump×; podremos hablar mejor allÃ.
—Yo puedo hablar mejor aquà —respondió.
Iba a proseguir, pero afortunadamente el implacable rostro de mrs. Hampton Diggs apareció al fondo del pasillo de las máquinas embotelladoras.
—De acuerdo —dijo—, vamos…
En el pequeño sanctasanctórum de abajo, mi tÃo estaba tomándose una pausa digestiva tras la comida. Su presencia envió a Ewart de vuelta al tema del comercio moderno, por encima del excelente puro que mi tÃo le tendió. Se comportaba con la elaborada deferencia debida a un magnate de los negocios por parte de un desconocido.
—Lo que estaba indicándole a su sobrino, señor —dijo Ewart, apoyando los codos sobre la mesa— es la poesÃa del comercio. ¿Sabe?, parece que no la ve en absoluto.
Mi tÃo asintió enérgicamente.
—Eso le digo yo también —murmuró, envuelto en su puro.