Tono-Bungay
Tono-Bungay Durante un tiempo Marion y yo intercambiamos correspondencia con una cierta regularidad, escribiéndonos cartas amistosas pero más bien carentes de información acerca de pequeñas cosas. El torpe proceso del divorcio quedó completado. Ella dejó la casa de Ealing y se fue al campo con su tía y sus padres, tras adquirir una pequeña granja cerca de Lewes, en Sussex. Instaló un invernadero para su padre, ¡hombre feliz!, y habló de higos y de melocotones. La cosa pareció ser prometedora durante una primavera y un verano, pero el invierno de Sussex, después de Londres, fue demasiado para los Ramboat. Se volvieron muy tristes y apagados; mr. Ramboat mató a una vaca con una alimentación equivocada, y aquello los descorazonó a todos. A los doce meses la empresa estaba en dificultades. Tuve que ayudarles a salirse de ello, y luego regresaron a Londres, y Marion se puso en sociedad con Smithie en Streatham, y montó un negocio que fue calificado en el membrete de las cartas como «Ropas». Los padres y la tía fueron dejados de lado en una casita en algún lugar. Después de eso las cartas empezaron a ser infrecuentes. Pero en una recuerdo una postdata que era una pequeña puñalada a nuestra antigua intimidad: «El pobre viejo Miggles ha muerto».