Tono-Bungay
Tono-Bungay Pasaron casi ocho años. Yo crecí. Crecí en experiencia, en capacidad, hasta que fui un hombre completo, atareado con muchos nuevos intereses, viviendo a una mayor escala en un mundo más amplio del que hubiera llegado a soñar en mis días con Marion. Sus cartas se hicieron raras e insignificantes. Finalmente hubo un lapso de silencio que me hizo sentir curiosidad. Durante dieciocho meses o más no supe nada de Marion excepto por los recibos trimestrales firmados que me enviaba el banco. Entonces maldije a Smithie, y escribí una tarjeta a Marion.
«Querida Marion —escribí—, ¿cómo van las cosas?».
Me sorprendió tremendamente diciéndome que se había casado de nuevo… «con mr. Wachorn, un importante agente en el negocio de cartonajes». Pero seguía escribiendo aún con el membrete de Ponderevo y Smith (Ropas), y la misma dirección de Ponderevo y Smith.