Tono-Bungay
Tono-Bungay También me separé de Effie, aunque a ella aún sigo viéndola a veces. Entre nosotros no hubo nunca ninguna intención de matrimonio ni de comunión de almas. Ella sintió una repentina, intensa y ardiente pasión por mÃ, y yo por ella, pero yo no fui su primer amante ni el último. Se hallaba en otro mundo completamente distinto al de Marion. PoseÃa una naturaleza extraña y deliciosa; no tengo ningún recuerdo de haberla visto nunca malhumorada o maliciosa. Era —y de una forma maravillosa— eupéptica. Ese, creo, era el secreto central que la hacÃa tan agradable, y además era infinitamente bondadosa. La ayudé finalmente a abrir un negocio que ella ansiaba desde hacÃa tiempo, y me sorprendió con una repentina exhibición de capacidad comercial. Ahora posee una oficina de mecanógrafas en Riffle’s Inn, y la lleva con un enérgico vigor y un éxito considerable, aunque cierta gordura se haya apoderado de sus curvas. Y aún sigue amando a sus semejantes. Se casó hará un año más o menos con un muchacho de la mitad de su edad, un fracaso de poeta, un poeta fracasado abocado a las drogas, una cosa con un lacio cabello claro que siempre cuelga sobre sus ojos azules y unas piernas que apenas le sostienen. Se casó con él, dijo, porque necesitaba a alguien que lo cuidara…