Tono-Bungay
Tono-Bungay La historia de Nasmyth permanecÃa en mi imaginación como un pequeño e intenso cuadro de un sol tropical colgando sobre una pared de verdor. Siguió asà durante las intermitentes apariciones de Gordon-Nasmyth por Inglaterra. De tanto en tanto él y yo nos encontrábamos y charlábamos, y ese efecto quedaba reforzado. ComÃamos en Londres o acudÃa a ver mis planeadores a Crest Hill, y hacÃa nuevos proyectos para ir de nuevo en busca de aquellos montones, ahora conmigo, ahora solo. A veces se convertÃa en una especie de cuento de hadas entre nosotros, un ejercicio imaginativo. Y entonces vino el descubrimiento de Capern de lo que él llamó el filamento ideal, y con él una cualidad absolutamente menos problemática en el lado negocio del asunto del quap. Porque el filamento ideal necesitaba un cinco por ciento de canadio, y el canadio era conocido en el mundo tan solo como un componente recientemente separado de una variedad de un mineral raro, el rutilo. Pero para Thorold era más conocido como uno de los elementos de una misteriosa muestra que yo le habÃa llevado, y para mà era más conocido como uno de los elementos del quap. Se lo dije a mi tÃo, y nos pusimos inmediatamente en marcha. Descubrimos que Gordon-Nasmyth, aún sin saber el alterado valor de su material, y pensando todavÃa en los precios experimentales del radio y en el valor como rareza del cerio, habÃa recurrido a un primo llamado Pollack, habÃa efectuado alguna extraordinaria transacción con la póliza de su seguro de vida, y estaba comprando un bergantÃn. Paramos todo aquello, depositamos sobre la mesa tres mil libras y el rescate de la póliza de su seguro de vida, y el lado Pollack de aquel asunto se desvaneció en el aire, dejando a Pollack, lamento decirlo, con el bergantÃn y con el secreto —excepto en lo que al canadio y el filamento se referÃa— como un residuo. Discutimos seriamente si fletar un vapor o ir con el bergantÃn, y finalmente decidimos que el bergantÃn serÃa un instrumento mucho menos llamativo para una empresa que iba a ser, después de todo y diciéndolo claramente, un robo.