Tono-Bungay
Tono-Bungay Cuando recuerdo este lado de nuestra vida, la figura de mi tÃa Susan, con sus redondos ojos, su nariz respingona y su tez rosada y blanca, tiende siempre a ocupar una posición central. ConducÃamos el coche y mantenÃamos el coche, ella se sentaba en él con una magnÃfica variedad de sombreros sobre su delicada cabeza, y —siempre con ese débil indicio de un ceceo que no puede confundirse con una mala pronunciación— comentaba e iluminaba los nuevos aspectos.
Ya he descrito el pequeño hogar detrás de la farmacia de Wimblehurst, el alojamiento cerca de la estatua de Cobden y los apartamentos en Gower Street. Luego mi tÃa y mi tÃo se trasladaron a un piso en las Redgauntlet Mansions. Allà habÃan vivido cuando se casaron. Era un piso compacto, con muy poco que una mujer pudiera hacer allÃ. En aquellos dÃas, creo, mi tÃa tenÃa tiempo de sobra, asà que tomaba algunos libros y leÃa, y al cabo de un cierto tiempo leÃa incluso por las tardes. Empecé a encontrar libros insospechados encima de su mesa; libros de sociologÃa, viajes, obras de Shaw.
—¡Hey! —decÃa yo, a la vista de alguno de los más recientes.
—Estoy ocupando mi mente, George —explicaba.
—¿Eh?