Tono-Bungay
Tono-Bungay Asà posa para mi cuadro entre los toscos inicios de algo que nunca iba a verse completado. Hizo las cosas más extrañas en aquel lugar, cosas cada vez más independientes de cualquier concepto de escala financiera, cosas cada vez más distintas de la más sobria humanidad. ParecÃa creer que finalmente se habÃa liberado de toda restricción. Arrancó una considerable colina, y casi sesenta árboles adultos fueron extirpados con ella, a fin de abrir su perspectiva al este, echando todas sus tierras unos sesenta metros más al sur. En otro momento captó una sugerencia en algún restaurante de la ciudad, y construyó una sala de billar techada con cristales debajo de las aguas de su lago ornamental. Amuebló un ala cuando aún faltaba completar el techo. Construyó un baño-piscina de nueve metros cuadrados junto a su dormitorio de arriba, y para coronarlo todo empezó un gran muro para cercar todos sus dominios, librándolos asà de la invasión de la gente común. Era un muro de tres metros de alto, con cristales en su parte superior, y si hubiera sido terminado tal como él lo querÃa, habrÃa tenido una longitud total de dieciocho kilómetros. Parte de él, hacia el final, fue tan mal construido que al cabo de un año se derrumbó sobre sus cimientos, pero aún se mantienen en pie algunos kilómetros. Nunca he pensado en ello, pero ¿qué hay que decir de los centenares de ansiosos pequeños inversores que siguieron a su «estrella», cuyas esperanzas y vidas, cuya seguridad de sus esposas y perspectivas de sus hijos se hallan ahora mezclados más allá de toda redención en todo ese mortero que va desprendiéndose poco a poco…?