Tono-Bungay
Tono-Bungay He dicho ya cómo llegué a dedicarme a esas investigaciones, cómo en una especie de disgusto hacia la vulgar aventura de la vida recogí los extremos caídos de mis estudios universitarios, reemprendiéndolos con la resolución de un hombre en vez de con la ambición de un muchacho. Desde un principio me desenvolví bien en esa tarea. Creo que se trató principalmente de un asunto de aptitud especial, de una peculiar e irrelevante vena de facultades que recorría mi mente. Es una de esas cosas que al parecer los hombres tienen por casualidad, que tiene poco o nada que ver con sus méritos generales, y sobre la que es ridículo mostrarse orgulloso o modesto. Realicé una gran cantidad de trabajo durante aquellos años, trabajando por un tiempo con una concentrada furia que me dejaba con muy pocas de las energías o capacidades que poseo. Resolví una serie de problemas relacionados con la estabilidad de los cuerpos observando el aire y los movimientos internos del viento, y revolucioné también al menos una parte importante de la teoría de los motores de explosión. Todo ello puede hallarse en las Philosophical Transactions, el Mathematical Journal, y con menor detalle en una o dos otras publicaciones similares, y no necesitan ser aclaradas en este libro. De hecho, dudo que pudiera hablar de ellas aquí. Uno adquiere una especie de taquigrafía para sus notas mentales en relación con un trabajo tan especial como ese. Nunca he enseñado ni dado conferencias, lo cual es lo mismo que decir que nunca he tenido que expresar mis pensamientos relativos a las cosas mecánicas en un lenguaje cotidiano, y dudo mucho que pudiera hacerlo ahora sin causar un terrible tedio…