Tono-Bungay
Tono-Bungay Mi trabajo fue en un principio, en su mayor parte, teórico. Era capaz de enfrentarme a mis primitivas necesidades de verificación a medida que iban surgiendo con modelos más bien pequeños, utilizando un soporte giratorio para crear el movimiento a través del aire, y cañas, barbas de ballena y seda, como material de construcción. Pero llegó un momento en el que intervenían incalculables factores, factores de capacidad humana y factores de insuficiente conocimiento experimental, cuando uno necesita suponer y probar. Entonces tuve que ampliar la escala de mis operaciones, y muy pronto las había ampliado enormemente. Me puse a trabajar casi al mismo tiempo en el equilibrio y en la estabilidad de planeadores y en la dirección de globos aerostáticos, esta última una rama de trabajo particularmente costosa. Sin duda me sentía impulsado en estos asuntos por parte del mismo espíritu de gastos desenfrenados que se había apoderado de mi tío. Por aquel entonces mis dependencias encima de Lady Grove habían crecido hasta convertirse en un chalet de madera pintada lo suficientemente grande como para acomodar a seis personas, y en el cual vivía a veces durante tres semanas consecutivas; un gasómetro; una casa motorizada; tres cobertizos con techo de plancha ondulada; una plataforma desde la cual lanzar los deslizadores; un taller; y algunas dependencias auxiliares parecidas. Se construyó una carretera de tierra apisonada. Trajimos el gas de Cheaping y la electricidad de Woking, donde descubrí también un amistoso comerciante que podía suministrarme lo que me hiciera falta para algunas de las operaciones a mayor escala que yo manejaba. Tuve la suerte también de descubrir a un hombre que parecía mi segundo al mando enviado por los cielos… Cothope era su nombre. Era un hombre que se había educado a sí mismo; anteriormente había sido zapador, y era uno de los mejores y más hábiles ingenieros prácticos sobre la tierra. Sin él no creo que hubiera podido conseguir ni la mitad de lo que he hecho. A veces no era tanto mi ayudante como mi colaborador, y ha seguido mis éxitos hasta hoy. Otros hombres venían y se iban cuando más los necesitaba.