Tono-Bungay
Tono-Bungay Me sumergí en este relajado hábito de vivir pese a las tendencias reales de mi naturaleza enfocada a la disciplina. Nunca me he sentido inclinado a la autoindulgencia. Esta filosofía del labio fácil y la barriga laxa es una de las filosofías hacia las que siempre he sentido una desconfianza instintiva. Me gustan las cosas desnudas, tal cual, austeras y moderadas, líneas finas y colores fríos. Pero en estos tiempos pletóricos donde hay demasiado para todo el mundo y la lucha por la vida toma la forma de publicidad competitiva y del esfuerzo por llenar los ojos del vecino, donde no hay una urgente demanda ni de esfuerzo personal, ni de nervios sanos, ni de una rigurosa belleza, nos encontramos a nosotros mismos por accidente. Siempre, antes de esta época, el grueso de la población no comía más de la cuenta porque no podía, lo deseara o no, y todos excepto unos pocos eran mantenidos «aptos» a través de un inevitable ejercicio y de un peligro personal. Ahora, si mantenemos ese estándar lo suficientemente bajo y nos libramos del orgullo, casi cualquiera puede realizar todo tipo de excesos. Puedes pasar por la vida actual eludiendo y evadiendo, descuidado y complaciente contigo mismo, sin sentir nunca realmente hambre ni miedo ni pasión, con tu máximo momento reflejado en un mero orgasmo sentimental y tu primer y auténtico contacto con las necesidades primarias y elementales en el sudor de tu lecho de muerte. Así creo que fue con mi tío; así, muy aproximadamente, fue conmigo.