Tono-Bungay
Tono-Bungay —Querido —dijo—, te quiero. Si eso te hace feliz me casaré contigo. Hace un momento me sentÃa con un estado de ánimo…, estúpido y desconsiderado. Por supuesto que me casaré contigo. Eres mi prÃncipe, mi rey. Las mujeres sufrimos a veces unos estados de ánimo… que actuamos de una forma extraña. Decimos «No» cuando queremos decir «Sû… y nos hundimos en la crisis. De modo que SÃ… sÃ… sÃ. Yo… ni siquiera puedo besarte. Dame tu mano para que la bese. Entiende que soy tuya. ¿Lo entiendes? Soy tuya como si lleváramos casados cincuenta años. Tu esposa… Beatrice. ¿Es eso suficiente? Ahora…, ¿descansarás?
—Sà —contesté—. Pero ¿por qué…?
—Hay complicaciones. Hay dificultades. Cuando estés mejor serás capaz de… comprenderlas. Pero ahora no importan. Ahora sabes que este tiene que ser nuestro secreto… por un tiempo. Un secreto absoluto entre nosotros dos. ¿Me lo prometes?
—Sà —dije—. Comprendo. Me gustarÃa poder besarte.
Ella apoyó su cabeza al lado de la mÃa por un momento, y luego besó mi mano.
—¡No me importan las dificultades que haya! —exclamé, y cerré los ojos.