Tono-Bungay
Tono-Bungay —¡Y, por Dios, es como quien dice nuestra única posibilidad…! No es un sueño.
Me volvà hacia él.
—He estado en las nubes —dije—. Los cielos saben que lo he estado. Y aquà tenemos nuestra única oportunidad…, y usted se la entrega a ese lunático aventurero para que lo haga a su manera… ¡En un bergantÃn!
—Bien, podÃas haber dicho algo…
—Me hubiera gustado haberme metido antes en esto. Hubiéramos podido ir en un vapor hasta Lagos o a uno de esos lugares de la Costa Occidental, y partir desde allÃ. ¡Imagine a un bergantÃn en el Canal en esta época del año, si el viento sopla del sudoeste!
—A mà también me habrÃa gustado que te hubieras metido antes, George. De todos modos, ¿sabes, George…?, confÃo en él.
—Sà —dije—. SÃ, yo también confÃo en él. En cierto modo. Pero…
Tomó un telegrama que tenÃa encima de su escritorio y lo abrió. Su rostro se puso pálido amarillento. Depositó el fino papel color rosa sobre la mesa con un lento y reluctante movimiento y se quitó las gafas.
—George —dijo—, la suerte está en contra nuestra.
—¿Qué?