Tono-Bungay
Tono-Bungay Luego recogà mis pertenencias y regresé cuidadosamente hacia el barco. Mi estado de ánimo tenÃa la misma grave concentración que el de un muchacho que ha sido descubierto robando en propiedad ajena. Y el asunto solo empezó a adquirir las proporciones adecuadas para mà cuando llegué cerca de la nave, dejando de parecer como si hubiera matado a un pájaro o a un conejo.
Por la noche, sin embargo, adquirió formas enormes y portentosas.
—¡Dios mÃo! —exclamé de pronto, despertándome con ojos muy abiertos—. ¡Fue un asesinato!
Tras eso permanecà completamente despierto, contemplando mis propios recuerdos. De alguna extraña manera esas visiones se mezclaban con mis sueños de mi tÃo en su desesperación. El cuerpo negro que ahora veÃa, herido y parcialmente hundido en el lodo, no estaba muerto, sino vivo y bien vivo y despierto, y su imagen se mezclaba con la horrible herida en el cuello de mi tÃo. Intenté apartar de mà aquella horrible obsesión, pero prevaleció pese a todos mis esfuerzos.
El dÃa siguiente estuvo completamente teñido por mi recuerdo del cuerpo de aquella fea criatura. Soy el menos supersticioso de los hombres, pero me arrastró. Me arrastró de vuelta a aquella espesura y hasta el lugar donde lo habÃa ocultado.
Algún horrible y detestable animal lo habÃa descubierto, y ahora yacÃa desenterrado.